Si a eso le añades las croquetas (también gigantes) y, al que guste, Ribeiro tomado en cuencos (como debe ser), y cervezas; todo ello ambientado con ese típico olor a fritanga y ese suelo lleno de servilletas, con el tener que comer de pie apoyado en las barras, con un griterío provocado por decenas de personas apiñadas y esos gritos de "el de la barra! que me pase mis croquetas que yo no llegoooo", pues creas un ambiente inmejorable para una cena con amigos.

Además tuvimos la suerte de compartir espacio con Gonzalo de Castro, que siempre viene bien ver a gente famosa en lugares "mundanos", saludando y conversando como si fueran uno más.
En cuanto al servicio, no puedes pedir gran cosa a estos sitios, y tampoco lo necesitan porque perderían ese encanto que les caracteriza. Y en cuanto al precio, 8 euros cada uno para salir lleno de comida, y con dos rondas de bebida.
Si queréis ir está aquí.
1 comentarios:
Ay que ricas, que ricas, que ricas croquetitas!!
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